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De repente llega ese momento, ese en el que el amor se vuelve dolor, en el que no hay más excusas, en el que sabes que no hay marcha atrás, porque aunque quisieras hacerlo, sabes que ya no tiene sentido. Y duele la certeza, duele mucho más que la incertidumbre, es un dolor que quema, porque lo has dado todo y no ha servido de nada.

A pesar de todo, cuando llega el punto de no retorno lo difícil es no querer retornar. Y yo no quiero hacerlo.

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