Minientrada

He decidido quitarme la máscara. ¿Ya de qué me sirve? no deseo más esconderme detrás de la fachada que tan duramente me he construido, que tanto trabajo me ha costado crear, tantos años .. ya la he roto.  No pienso ocultarme más, ni hacerme la fuerte, ni fingir que todo me da igual.

Ya se acabó el fingir, se acabo el hacer creer que soy una chica que no soy. A partir de ahora, iré por la vida con el corazón desgarrado y en carne viva, dolida. Quizá ya no sonría como antes, pero al menos cuando lo haga, sonreiré de verdad. Quizá no me ria tanto como antes, pero cuando lo haga, la risa me llegará a los ojos. Quizá no esté como antes, pero seré autentica, seré yo misma.

Se acabo el ocultarse.

Las apariencias engañan.

Qué difícil es explicar ciertas cosas. Explicar que vas por la vida regalando sonrisas cuando realmente por dentro estás hecha pedacitos que ya no tienen ni forma en la que unirse. Que a pesar de tu juventud, de tus bromas, de tu aparente fortaleza, eres una persona formada a base de decepciones y soledad, de gente que te falla. Tanta gente que empiezas a pensar que la culpa es tuya. Y probablemente la culpa sea mía, por seguir fiándome a pesar de los palos, por seguir con el cerebro vendado y el corazón a ciegas. Y así una y otra vez. ¿Cuando acabará este maldito ciclo? ¿Cuando alguien se dará cuenta de que voy con los ojos hinchados de llorar, con la cabeza gacha y que mi sonrisa no es más que un espejo en el que quiero reflejar algo que no soy? Y luego llega el día en el que lo cuentas. Y todos te dicen lo mismo. “Tienes que superarte, que quererte a ti misma” ¡No me digas, lumbreras! Vivo en un maldito caos en el que hasta mi propia familia me deja de lado, en el que las promesas nunca se cumplen y que la esperanza es una mera ilusión que esta en el fondo de un maldito túnel que nunca termina. Y la esperanza se aleja, los pedazos se hacen mas pequeños y cada paso duele más que el anterior. Y estas sola en medio de ese maldito caos, fingiendo que eres una persona feliz, sin complejos, dura, cuando te mueres por gritar al mundo “Estoy destrozada y a nadie le importa”. No, es una de las cosas que he aprendido a mis 24 jóvenes años, después de 10 años sufriendo desprecios y destrozos. Estas sola. Completamente sola en tu caos ordenado y a la vez desastroso del cual no puedes escapar porque lo llevas tatuado en el alma. En ese alma rota, desolada, sin amigos, sin amores, sin nada. Sola, completamente sola. Y siempre estarás así, fracasando en la vida, dando tumbos. Y dándote cuenta de que no hay salida, que estas al borde del abismo, y que a veces te tienta la sola idea de tirarte por el mismo y que todo ese caos desaparezca. Soy una gran mentirosa, porque todo esto nadie lo sabe. Te encargas de que tu coraza de sonrisas y falsas apariencias hable por ti. Porque el día que te rompas, quizá jamás vuelvas a poder recomponerte. Nunca.

Es mejor mentirle al mundo que mostrar que no vales un duro.

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De repente llega ese momento, ese en el que el amor se vuelve dolor, en el que no hay más excusas, en el que sabes que no hay marcha atrás, porque aunque quisieras hacerlo, sabes que ya no tiene sentido. Y duele la certeza, duele mucho más que la incertidumbre, es un dolor que quema, porque lo has dado todo y no ha servido de nada.

A pesar de todo, cuando llega el punto de no retorno lo difícil es no querer retornar. Y yo no quiero hacerlo.

The voice within.

En algún momento del trayecto perdí la fe. No me preguntes como fue, porque sucedió, pero perdí la esperanza. Quizá me perdí a mi misma, lo que me apasionaba, lo que disfrutaba, perdí la confianza, quizá hasta perdí las fuerzas.

Cuando el agujero negro amenazaba con consumirme escuche una voz, una voz profunda que me animo a reencontrarme. Es increíble el poder de una voz, de una canción, de un gesto. Esa voz me ayudo a reencontrarme.  Y aunque aún estoy en proceso de reencuentro, sé que esa voz siempre estará a mi lado, para empujarme hacia la luz de nuevo.

A veces cuanto más oscuro está, más puede brillar la esperanza.

Nunca.

Hace poco me volví a topar con el hielo de tu mirada, ese hielo que se clava en las profundidades de mis entrañas. Y tu boca volvió a mentirme.

Volví a sentir el hierro de tu piel sobre la mía, que se volvió fuego, de nuevo, como si nos pasaran los años. Y mis ganas volvieron a mentirte.

Volví a sentir la fiereza de tu voz, el desprecio intrínseco que me dedicas exclusivamente a mi. Y el miedo volvió a dominarme.

Es curioso, pero cuando fui consciente de ti, vi que no podría volver a aquello. Al whisky con fuego de tus golpes, al desprecio helador de tus palabras, a la estaca de tus ojos fríos y sin vida. Jamas volvería a tu locura desenfrenada que me llevo a dejar de conocerme. Jamas.

“Vuelve conmigo.”

” NUNCA”

 

 

Llegar al sendero de tu piel y morderme las ganas de comerte a besos, quedarme al filo de tus pestañas y sonreirle a tus pupilas, formulando promesas en silencio.
No necesito más.